Desde hace meses, en Sedigas insistimos en la importancia de que el documento final del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) refleje una estrategia realista, pragmática y eficiente para abordar la transición energética y la descarbonización de nuestra economía.
Estamos en la recta final y, aunque a estas alturas deberíamos conocer la versión definitiva del PNIEC que se enviará a Bruselas, sabemos ya que llegará con retraso. España tiene la oportunidad de elevar los objetivos de participación de los gases renovables en el mix energético, aprovechando todo el potencial existente para producirlos y vehicularlos a través de la infraestructura gasista. Esta meta permitirá a España incrementar su soberanía energética, haciéndola menos dependiente del exterior y garantizando precios razonables de la energía para hogares e industrias.
En Sedigas hemos animado al Gobierno a establecer objetivos más ambiciosos en materia de gases renovables, especialmente para el biometano, acordes al potencial que posee nuestro país. Este nivel de ambición se alinea con los objetivos de la Comisión Europea.
Podríamos referirnos a los objetivos climáticos y energéticos europeos reflejados en el paquete "Fit for 55" y en el Plan REPowerEU, así como a las recomendaciones de publicaciones recientes, como el ‘Informe Letta’, donde se subraya la importancia de las industrias estratégicas, especialmente la energética, para asegurar la seguridad económica y la competitividad de la UE. Un desafío complejo, ya que se produce en medio de una transición energética que exige cambios estructurales profundos mientras lidiamos con un contexto geopolítico incierto.
Para lograr estos objetivos, es necesario aumentar la producción de energía de manera más eficiente y sostenible, reduciendo costos y minimizando el impacto ambiental. Es fundamental seguir las directrices de la Comisión, que apelan a establecer objetivos más ambiciosos y alineados con la capacidad potencial de biometano de nuestro país, calculada en aproximadamente 4.100 millones de metros cúbicos anuales, capaces de reemplazar hasta el 13% de la demanda actual de gas.
El potencial del biometano, que estimamos incluso superior –de 163 TWh de producción anual según el ‘Estudio de la capacidad de producción de biometano en España’ elaborado por Sedigas en colaboración con PwC y Biovic– bastaría para cubrir el 70% aproximadamente de la demanda nacional de gas del sector industrial y doméstico-comecial, contribuyendo significativamente a reducir la dependencia energética del exterior, mejorar la balanza comercial y fortalecer la soberanía energética.
Tenemos la oportunidad de convertirnos no solo en el hub gasista para Europa, sino en un nodo de desarrollo de tecnologías punteras y sostenibles gracias al biometano y el hidrógeno renovable. Vectores energéticos que permiten dar una respuesta renovable y más sostenible a las necesidades energéticas de los sectores productivos y los hogares de nuestro país.
Ante estos desafíos, el sector del gas sigue reivindicando el potencial de los gases renovables, como el biometano y el hidrógeno renovable, como piezas clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, gestionar eficientemente nuestros residuos, favorecer el desarrollo económico y social de la España vaciada, garantizar la seguridad del suministro, la asequibilidad de la energía y, en última instancia, la competitividad de España y Europa.
En vista de todos estos factores, el PNIEC definitivo debería reflejar el potencial español con un objetivo renovable ambicioso en línea con los objetivos climáticos y energéticos de la UE.
Finalmente, es relevante destacar la importancia de los ciclos combinados, llamados a desempeñar un rol crucial para garantizar el suministro eléctrico en el horizonte 2030. Estos ciclos son esenciales para llevar a cabo una transición ecológica ordenada y segura, incorporando masivamente nueva potencia renovable, principalmente eólica y fotovoltaica, y gestionando el cierre planificado de la generación nuclear a partir de 2027. La revisión del PNIEC mantiene el objetivo de potencia instalada de los ciclos en 27 GW para 2030. Celebramos estos avances y reiteramos la necesidad de definir mercados de capacidad que ofrezcan incentivos para continuar progresando hacia fuentes de energía más sostenibles sin perder de vista la necesidad de una generación de respaldo confiable.
Aprovechemos este tiempo adicional para asegurar un PNIEC que realmente impulse el futuro energético de España.
|